Dolor país, torcazas

Infiero, 1985. Carlos Alonso

Yo sé que “Dolor país, torcazas” puede no ser un buen título. Posiblemente, se deba a que más que un título, es una especie de contraseña, un guiño. Una invitación camuflada a conversar y recordar algunas cosas que nos han estado pasando, y que el cuadro de Alonso pinta de manera cruda y magistral.

Tal vez usted ingresó a la nota preguntándose qué tiene que ver un dolor común y esas aves con tan mala prensa, o tal vez entró porque sí, porque es curiose y lee mucho (¡bien!), o quizás porque hay algo en este país que también le duele y se sintió llamado por la primera parte del título (¡mejor!), o, posiblemente, le gusta Silvia Bleichmar y quiere ver qué voy a decir al respecto (perfecto, hay algo de ella en todo esto), o bueno, puede que simplemente sepa que Juan Gelman escribió un poema llamado Torcazas y tiene la esperanza de encontrarlo entre estas líneas (es verdad).

Se pasa de inocente a culpable 
en un segundo. El tiempo
es así, torcazas
que cantan en un árbol cansado.
La carne piensa y no llora. Pensar
es ver la nada que flota
en una cucharada de sopa

TORCAZAS – Juan Gelman

Silvia está por aquí, pero no tanto como teórica (quién duda que es de las mejores que tuvimos por estas latitudes), sino como intelectual comprometida. Más que cita de autoridad, una Silvia Bleichmar que representa un faro que ilumina; como parte de ese linaje que, cada uno en su época y con sus formas, supo interrogar su tiempo, salir de su entorno inmediato para ver cómo ese sufrimiento, ese dolor tan singular de una persona o grupo se articulaba con un dolor generalizado, un dolor común. 

El dolor no se olvida
de uno. Sombras ahí,
distancias, superficies,
olor a sospechas podridas, congojas
que no mueven los pies.

TORCAZAS – Juan Gelman

Hay una pregunta sobre este dolor común que me parece que sigue siendo imprescindible: ¿Qué efectos psicológicos y sociales nos dejó la última dictadura cívico-militar? ¿Cómo altera hoy nuestra capacidad de expresión, de consenso, de confiar? ¿Qué saldo nos dejó en nuestra relación con la historia y la verdad? Sin dudas, es una pregunta por la que se ha transitado, con respuestas, parciales, necesarias.

¿Cuánto tiempo nos llevará metabolizar semejante acontecimiento? 

El tiempo borra el sudor frío
del alma y si hace falta el alma. Pega con
el leve sonido a compañeros 
colgados en la noche, son
urgentes, hacen
un país que nadie conoce
en el camino que empieza
donde acaba la lengua del empujado.
Están tendidos en las jaulas
de la sensación.

TORCAZAS – Juan Gelman

Una especie de arrogancia -bien argenta- nos permite no sólo decir Nunca Más, sino intentar leer su textura; no sólo mirar de frente al dolor, sino escucharlo: ¿qué más hicieron desaparecer? ¿qué proyecto político, qué formas subjetivas amedrentó esa política del terror? ¿Cuál era la “lengua del empujado”? 

Hay miedo
en la memoria prohibida, el sabor
del día que se distrajo y abre 
de repente los deseos de ayer. Una
luna enorme finge acompañamientos. Vuela 
la pérdida ojos adentro como 
la longuera de un pájaro azul

TORCAZAS – Juan Gelman

Historizar. Una y otra vez historizar. En el plano singular y en el plano colectivo. No para vivir en el pasado, pero sí porque de él también vivimos. La historia como nuestro suelo y nuestro combustible. No para buscar las verdaderas respuestas, pero sí para saber qué respuestas se dieron en otros tiempos y qué consecuencias tuvieron. Quizás recordarlo no conlleve, así sin más, a no repetirlo (según alguna idealización que tuvimos), pero sí ayuda a saber dónde estamos parados, a mapear de mejor manera.  

¿Cuánto del dolor que hoy nos habita se relaciona con aquella época tan dolorosa? 

Los compañeros, ¿están despiertos para    
que pregunte quién soy? ¿No duermen    
en lo que es no es? Las calles    
sucias de amanecer son un error. La   
emoción entre mi vida y    
la conciencia de mi vida      
es una continuidad que no          
me pertenece. Agradezco      
el saltito del pájaro en la rama            
que abriga cuando           
el cuarto que abandono navega         
en sales, brumas, el espanto y         
mi pecho metido en el polvo.           
Y yo al revés.

TORCAZAS – Juan Gelman

Juan Gelman “habla”, rodea un poco este asunto. Por los hilos de su poesía transita el dolor de toda una época, y podemos decir que, aún, el cuarto muchas veces nos huele a espanto. Hoy, más que nunca, se agradece ese “saltito” colectivo capaz de abrigar en los momentos más difíciles.

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