De la necesidad de sostener los encuentros con otros: Diálogos Clínicos en pandemia

ECAP DIALOGOS CLÍNICOS[1]

Espacio de encuentro Psi

Integrantes: Mariela Zachetti (Coordinadora). Mirta E. Brito. Eliana Finelli. Sofía Perazolo. María Luján Romero. Pablo Andrés Salcedo. Rocío Sánchez Amono. Florencia Wendichansky. Micaela Zachetti.

Mariela Zachetti: -La novedad actual nos llevó rápidamente a buscar lugares de encuentro para el intercambio de vivencias y de herramientas a pesar del “aislamiento social obligatorio”. Así retomamos nuestras reuniones, ahora virtuales, y con una frecuencia que habla de urgencia, de pedido de compañía, de: pensemos juntos esto porque no hay antecedentes….

Rocío Sánchez: -Creo que nos encontramos “dialogando” en este tiempo ya que consideramos, siguiendo los conceptos de S. Bleichmar, que es importante encontrarnos para poder metabolizar el traumatismo compartido a través de la capacidad simbolizante de cada uno. 

Pablo Salcedo: -Resulta notorio que actualmente hay múltiples artículos, notas y desarrollos sobre la situación social actual y las particulares consecuencias acaecidas por la pandemia mundial de Coronavirus (COVID-19). Nuestras miradas están orientadas hacia ello. Hay un exceso de información constante sobre el virus, formas  de cuidado, maneras de sobrellevar el aislamiento social preventivo y obligatorio. Guías, videos, consejos y recomendaciones pululan por redes sociales, grupos de WhatsApp, sitios web, etc.

-Esta oportunidad para dialogar nos permite abrir un espacio de pensamiento, para ser interlocutores de la realidad que nos interpela; lo que nos conlleva a un constante trabajo de ligazón, elaboración y simbolización. Ideas que nos permitan pensar los efectos de la realidad exterior y su relación con la realidad psíquica.

Florencia Wendichansky: -Estamos sin dudas atravesando un momento de crisis mundial, algo que perdurará en la historia de la humanidad, algo sin precedentes y a la vez, impensado. Suelo escuchar y escucharme decir que esto es algo que nunca nadie imaginó, “la realidad supera la ficción” y esta vez, pareciéramos estar viviendo una película. 

Rocío Sánchez: -la situación actual implica un hecho traumático, este es disparador de algo que estando en el aparato psíquico tiene sobre determinaciones específicas que son las que  tendremos que ir encontrando a lo largo del trabajo con el sujeto. 

Florencia Wendichansky: -Claro, es una realidad que irrumpe, algo del orden de lo traumático, que a su vez resignifica cuestiones previas, y que nos encuentra en un momento determinado, algunos con más recursos psíquicos que otros.

Pablo Salcedo: -Como consecuencia de la pandemia, el aislamiento social preventivo y obligatorio implica una serie de efectos concretos sobre nuestras rutinas habituales (vínculos familiares y sociales, trabajo, escuela, actividades, etc.). Ha cambiado nuestra relación con la realidad, con la forma de ser y estar en el mundo con la que nos desempeñamos. Silvia Bleichmar, en su libro “Psicoanálisis extramuros” plantea algunos aspectos interesantes para pensar nuestra situación actual.

Luján Romero: -Como psicólogos, hoy nos toca pensar e intervenir “fuera de los muros del consultorio”. Se trata de salir de los muros del consultorio, con la paradoja de quedarnos dentro de otros muros. En el escenario actual estamos todos interpelados por la pandemia y la posibilidad de contagio.

Mariela Zachetti: -Si retomamos los aportes de Bleichmar en Psicoanálisis extramuros, su trabajo en catástrofe nos puede ser útil para que pensemos la actualidad que nos conmueve tan profundamente, porque no hay antecedentes específicos ni desarrollos previos sobre una realidad semejante. Este texto nos puede dar bases para encontrar un cómo hacer y una respuesta sobre el después.  

Bleichmar cuenta su intervención luego del terremoto en México en 1985, pero si nosotros pensamos aquella vivencia de los mexicanos en comparación con la pandemia que está habitando “al mundo” hoy, el terremoto fue un evento puntual, ahí lo que desarmó fue el factor sorpresa, nadie lo esperaba; no hubo indicios de su presencia hasta que todo empezara a temblar. El terremoto como evento en sí mismo tuvo principio y tuvo fin. Nosotros en cambio, ya sabemos de la pandemia y la estamos esperando.   

De manera que en nuestro vivenciar traumático diario y actual lo terrible es que sabemos que lo peligroso está entre nosotros pero no podemos verlo,  sabemos de su presencia por lo que vivieron en otros lugares; mirando hacia afuera encontramos la experiencia y el antecedente para saber lo que tenemos que hacer por lo que nos puede pasar.

Luján Romero: -Frente a esto ¿Cómo sostenemos el encuentro con otro si la amenaza es el otro? Es la relación con nuestros semejantes lo que se ve afectado, porque el otro ingresa dentro de la categoría de lo peligroso.

Rocío Sánchez: -Coincido sobre esta cuestión de que se observa un cambio en la relación con el semejante, el peligro está en que es el otro quien puede transmitir el virus, por lo tanto lo que viene de afuera se transforma en peligroso; en una cuestión persecutoria.

Pablo Salcedo: – Es cierto, aquello que durante enero y febrero, parecía tan lejano de nosotros, tan poco probable e imperceptible; hoy es una realidad ineludible.

Una constante situación de amenaza potencial de una enfermedad, cuyo transmisor es nuestro semejante pero que no resulta fácilmente identificable.

No sabemos con certeza quién lo tiene e inclusive quien lo tenga puede ser asintomático y transmitirlo. No hay indicios sobre ello, cuestión que nos remite a la cara invisible del virus. Cara invisible, pero no por ello carente de efectos.

Su contracara, sus efectos visibles, están en las poblaciones que lo sufrieron previamente; que han padecido contagios masivos, falta de recursos humanos, necesidad de más hospitales, lugares de atención. Hemos metabolizado estos aspectos, y desde nuestra realidad psíquica nos anticipan un abanico de eventuales consecuencias.

-La contigüidad entre semejante-amenaza-peligro de enfermedad transforma nuestros lazos sociales en al menos dos niveles oscilantes. Por un lado, el otro como alguien de quien hay que protegerse (persecutorio), que pone en riesgo mi autoconservación y autopreservación y del cual me desligo. Y por otro lado, un lazo con el otro que nos remite a una cuestión ética por el semejante, a poseer pensamientos y acciones que incluyan la preocupación por el otro ya sea intentando ayudarlo o al menos no producirle un daño que podría ser evitable.

Mariela Zachetti: – Lo traumatizante, sin lugar a dudas, es la incertidumbre por el tiempo, por cuándo nos pasará lo que pasa, por cuántas camas en hospitales necesitaremos, por cuántos respiradores artificiales harán falta, para, en última instancia, preguntar sobre quién ocupará esas camas que están preparando… ¿seremos nosotros, nuestros seres queridos?.

-La pregunta es ¿para qué nos estamos preparando? ¿para no enfermarnos? ¿para duelar o para morir?

Pablo Salcedo: -Si retomamos el modelo del duelo, surge la pregunta por aquello que hemos perdido. ¿Qué perdimos en esta situación? ¿Vínculos, empleos, proyectos a realizar en un futuro inmediato? Interrogantes, que en la medida que puedan ser procesados y ligados darán lugar a un giro: ¿Qué o cuales son las cosas que si conservamos? ¿Qué modos de recuperación simbólica podemos implementar respecto de aquellos objetos perdidos?

-La invisibilidad del coronavirus es su característica potencial. Detenta el poder de acontecer y hacerlo bajo diversas modalidades; siendo la última (aquella que se encuentra tras bambalinas en el escenario actual) la amenaza de muerte.

Mariela Zachetti: -En este punto, ¿La distancia funciona?  Sí, para evitar el virus, pero no para evitar pensar en que estos quizás serán los últimos días de alguien que no está pudiendo estar con los que más quiere.  Y esto es lo que aparece en el consultorio… ¿lo tenemos que evitar?

-¿Cómo se hace para dar rienda suelta a esos pensamientos en quién estamos escuchando cuando son los mismos que nos invaden a nosotros como terapeutas? Si estamos atravesados por la misma realidad… 

Luján Romero: En nuestra realidad, en un apresurado tiempo se armaron consultorios online, las relaciones con nuestros seres queridos y amigos se realizan por un mensajito de WhatsApp, una videollamada, los alumnos tienen clases virtuales, o en vivo a través de diferentes plataformas.

Cambios rotundos en nuestra forma de relacionarnos… y frente a esto, el psiquismo en este momento intenta buscar respuestas a preguntas que nadie puede contestar con certeza ¿Cómo va seguir esto? ¿Hasta cuándo vamos a estar en aislamiento? ¿Quién se va a contagiar? Todos intentamos buscar juntos formas de entendimiento, formas que nos permitan la simbolización del malestar. 

-Esta pandemia más que nunca, nos puso en la paradoja de cuidar al otro con la distancia con respecto al otro. Sosteniendo el cuidado individual, el quedarse en casa, como algo que repercute no sólo en mí, sino en todos. Este paréntesis en la vida de todos, cuidando lo que tenemos y a quienes vendrán conlleva un gran esfuerzo de renuncias. Renuncias que cuestan menos, si se hacen en función de las ganancias que tendremos en el mañana, es decir, en función de conservar la vida, como el bien más preciado de todos.

Florencia Wendichansky: -Retomando aquello que aparece en el consultorio. Durante una sesión por video-llamada con una paciente de 13 años (que consulta porque en el mismo año ambos padres han sufrido de cáncer), me pide jugar al ahorcadito (justo el ahorcadito!!), y en su turno aparece la palabra “coronavirus”.

Pienso como esta realidad excesiva impacta sobre una joven donde ya la posibilidad de muerte de un ser querido venía desde antes… y ahora es quizás aún más palpable, pero a la vez, como un enemigo invisible. Su pregunta era ¿cómo cuidarnos? ¿y ahora qué deberíamos hacer? ¿y hasta cuándo? preguntas sobre las que uno como terapeuta también se encuentra atravesado, como ciudadanos de este mundo, y a la vez, haciendo un esfuerzo para dejar los propios fantasmas de lado. Esfuerzo instrumental para poder operar, para poder pensar con otros, y colaborar en la tarea de elaboración. 

Rocío Sánchez: -Durante este tiempo lo que escucho en algunos pacientes al principio es angustia, ese afecto que emerge en la conciencia descualificado, sin ligazón con una representación y que es manifestado a través de sensaciones “tengo un nudo en la garganta”. Pero cuando pueden poner en palabras y la carga se liga a una representación aparece el afecto cualificado, el miedo y el paciente puede decir a qué le teme. Por ejemplo: “si me pasa algo, qué va a pasar con mis hijos”.

Pablo Salcedo: -Tal vez una de las cuestiones actuales en el trabajo clínico tendrá que ver con considerar las diversas modalidades que genera la pandemia.

¿Cómo y bajo qué forma estas modalidades afectan nuestra subjetividad y aparato psíquico? ¿Sobre qué serie psíquica se emplazan los efectos de nuestra realidad actual? Pueden ser algunos de los interrogantes que sirvan de guía para el trabajo en el espacio terapéutico. Detectar la serie psíquica, reunir/ligar el afecto y las representaciones, implica cercar niveles de simbolización y otorgar significaciones para trabajar sobre el sufrimiento psíquico.

Luján Romero: -Silvia Bleichmar, en su libro “Psicoanálisis Extramuros” indica que la función de los terapeutas es responder a esa búsqueda de sentido, otorgar formas de simbolización y de significación. También me pregunto: ¿Cómo sostener la distancia cuando se extraña? ¿Cómo se gestiona este “entretiempo”? ¿Cómo se sostiene este paréntesis en la vida de todos? ¿Qué se pierde en este “durante”? 

Florencia Wendichansky: -Por otra parte, creo que también es necesario hacer hincapié en algo que resulta novedoso, que es lo que sucede puertas adentro, porque desde la obligatoriedad de la cuarentena, todas las personas debemos permanecer en nuestros hogares. Con lo cual, hay una superposición de roles y funciones, que es algo que vengo escuchando en los padres de mis pacientes. Los padres, muchos de ellos, deben continuar con sus exigencias laborales ahora desde la casa, pero debiendo al mismo tiempo cumplir otros roles, como los de madre o padre. Múltiples exigencias en tiempos difíciles, donde además se le suma lógicamente las preocupaciones por la salud y por lo económico que implica esta medida tan drástica pero a la vez tan necesaria para intentar la preservación de la especie humana…

Nuevamente me pregunto, ¿qué lugar queda ahora para los niños? ¿con qué padres se encuentran los niños en estos días? hay resto para ellos? o tal vez se convierten en una especie de refugio para estos padres? Quizás esta realidad implique de algún modo un cambio en el paradigma, el poder empezar a pensar que hay cosas primordiales a la productividad laboral, los valores familiares quizás se vean de algún modo puestos en jaque… como escuché estos días por parte de pacientes: “me di cuenta que podemos vivir con mucho menos” o “creo que después de esto, no sé si vuelvo a trabajar, prefiero el tiempo en familia”… 


Rocío Sánchez: -También nos preguntamos ¿qué pasa cuando en algunos hogares lo que se teme está adentro? No nos referimos al virus sino a los vínculos agresivos ¿Cómo contener esas situaciones?

Mariela Zachetti: -Retomando los desarrollos de Psicoanálisis Extramuros; es importante subrayar que en nuestra actualidad no venimos a intervenir en una realidad que ya sufrió lo terrible y a operar para la posibilidad de elaboración de lo que ya ocurrió; nosotros estamos en esa realidad, la estamos viviendo, y al mismo tiempo debemos estar fuera, disociación instrumental impiadosa porque lo que debe dominar es la escucha y la preservación del otro más allá de las resonancias que en el mismo momento están sacudiendo las pasiones del analista. 


Recurrimos a la teoría para lograr tal mecanismo pretencioso, leemos a Bleichmar en su trabajo sobre las víctimas del terremoto de México para encontrar herramientas, pero es esta diferencia la que no encontramos trabajada en los textos y la que debemos aplanar con la reactivación de nuestros recursos: análisis previo,  formación, espacios de supervisión y creación de grupos de discusión; creo que esto es lo único que nos posicionará diferentes frente a lo traumático… sólo eso.


[1] Este grupo de trabajo se funda a comienzos del 2015, originariamente como grupo de supervisión y análisis para la práctica clínica. La exploración continúa y el estudio profundo de material bibliográfico es lo que nos permite comprender el impacto de lo actual en el quehacer clínico de cada día. Enmarcados en el paradigma de la complejidad, y desde el psicoanálisis, tomamos posición para el abordaje de los fenómenos que atraviesan nuestros tiempos, pero con la convicción de la riqueza que supone la interdisciplina y la mirada de otras teorías. Con Diálogos Clínicos proponemos un espacio de salida y de encuentro, un espacio solidario para los que estamos convocados en el trabajo con personas, para la salud y la disminución del sufrimiento.

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Sobre mi: buscador incansable. De a momentos escritor pero antes lector curioso. Apasionado por la cultura en todas sus formas de expresión. Sobre mi profesión: Lic. en Psicología. Psicólogo Clínico. Psicólogo Forense (Perito Oficial-Poder Judicial-). Correo: pablosalcedo@outlook.com

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