Un plus de malestar sobrante. Un plus de resistencia creativa.

“La carencia invita a la creatividad”

Boris Cyrulnik

Hace ya varios años Silvia Bleichmar acuñó el concepto de “malestar sobrante” para pensar cómo las diversas circunstancias sociales pueden implicar un malestar que va más allá de las renuncias que toda vida social impone (descriptas en “El malestar de la cultura” de Sigmund Freud) y de las exclusiones que generan las características de nuestra sociedad, principalmente la lógica del mercado (el consumo como valor e ideal) y el individualismo favorecido por dicha lógica.

En esta línea, Bleichmar refiere:

“el malestar sobrante esta dado (…) por el hecho de que la profunda mutación histórica sufrida en los últimos años deja a cada sujeto despojado de un proyecto trascendente que posibilite, de algún modo, avizorar modos de disminución del malestar reinante”(Bleichmar 2010: 30).

El malestar sobrante es efecto de una serie de circunstancias sobre-agregadas por el despojo de proyectos futuros o por la incertidumbre de que un posible tiempo futuro puede no ser mejor o hasta inclusive peor que nuestro presente. Cornelius Castoriadis expresa algo similar cuando nos habla del “avance de la insignificancia” como la pérdida de sentido,  la imposibilidad de un proyecto colectivo y la crisis de un proyecto identificatorio.

Desde hace algunos años, asistimos a una tendencia de ausencia de proyectos futuros o trascendentales. Pero, en nuestra actualidad pandémica, se agrega la incertidumbre como horizonte y un plus de malestar por la pérdida de los pequeños proyectos.

Algunos ejemplos de estas “pequeñeces” pero que poseen un estatuto relevante y se relacionan con ciertas estabilidades identificatorias son; la posibilidad de una reciente abuela a conocer a su nieta nacida en tiempos de aislamiento social y obligatorio, la imposibilidad de los familiares de despedirse presencialmente de sus seres queridos cuando han fallecido (por ejemplo por covid-19), la ya lejana posibilidad de disfrutar de un viaje, el impedimento de realización de múltiples formas de manifestación cultural como recitales musicales, teatro, cine, espectáculos deportivos, entre otros.

Es posible pensar que al malestar sobrante producto de la carencia de proyectos futuros se suma, como circunstancias agregadas, la pérdida de pequeños proyectos que también nos sostienen. Estas ideas no buscan plasmar un panorama tétrico, desolado, signado por aspectos negativos, sino más bien que nos permitan pensar qué hacer con este malestar sobrante, que se transforme en motor de acciones para disminuirlo. ¿Qué podemos hacer para generar y re-crear nuevos proyectos que nos salvaguarden del malestar sobrante?

La recomposición de los grandes y pequeños proyectos, desde una perspectiva creativa, podría resultar indispensable. ¿Qué herramientas tenemos para rescatar los proyectos? El pensamiento, la reflexión sobre nuestras acciones y la articulación de interrogantes -más que respuestas (la pandemia como pregunta)- es un posible inicio.

Tomemos por ejemplo como categorías para reflexionar la infancia y la juventud. ¿Qué lugar tienen los niños y los jóvenes en nuestra situación actual? Niños y adolescentes restringidos a sus hogares e imposibilitados de ese gran espacio social y extra-familiar que son las instituciones escolares, clubes, entre otros. ¿Cómo lo viven? ¿Cómo recrean un afuera en el adentro? ¿Cómo recrean un adentro diferente?

Un paciente adolescente expresa: “-Hago más tarea ahora que cuando iba al colegio. Pero tranqui, no están rompiendo las bolas ni nada, con las notas ni nada de eso…o sea nos están dando para hacer algo no más. En nuestro colegio estamos muy perdidos. Es todo medio raro”.

Dar para hacer algo no más… ¿es un ambiente de sostén, lo suficientemente bueno al decir de Winnicott? Muchas de las instituciones escolares han limitado su actividad al desarrollo de lo curricular, la provisión de constantes y múltiples tareas como si la prioridad fuera una especie de necesidad de “alimento académico” que luego hace sufrir a los chicos, a sus padres y a los docentes (que eventualmente tendrán que corregir cataratas de tareas).

La escuela, entre otros tantos espacios, ha perdido una de sus  funciones sociales. Se encuentra vaciada de los vínculos intersubjetivos, difuminada como lugar de subjetivación, de formación de un sujeto social.

¿Qué espacios podemos generar para crear proyectos, aunque sean pequeños, que sean un auxilio a la inmediatez, de una infancia y juventud?

Los efectos de la pandemia como mutación histórica, serán eje de un constante proceso de reflexión a medida que nuestro devenir vaya re-articulándose y re-componiéndose en lo que será un entramado social novedoso. No volveremos a una “normalidad”, el “antes” de la pandemia no podrá ser recuperado en un carácter idéntico.

Crear proyectos, por más pequeños que sean, construir sentidos y recomponer vías de expresión cultural (cualesquiera sean, música, arte, literatura, cine) para aliviar el malestar son esperanzas que salvaguardan y justifican la espera.

La espera de una realidad novedosa, que aún está a la vuelta de la esquina, y que no sabemos qué será. Tal vez sean tiempos de un plus de malestar, pero también son tiempos de resistir creativamente y de apuntalarnos en nuestras redes simbólicas y afectivas.

Bibliografía

Bleichmar, Silvia. 2010. La Subjetividad En Riesgo. Buenos Aires: Topía Editorial.

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Sobre mi: buscador incansable. De a momentos escritor pero antes lector curioso. Apasionado por la cultura en todas sus formas de expresión. Sobre mi profesión: Lic. en Psicología. Psicólogo Clínico. Psicólogo Forense (Perito Oficial-Poder Judicial-). Correo: pablosalcedo@outlook.com

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