Posibilidades de la terapia online en las infancias y adolescencias

            Desde que comenzaron las medidas de distanciamiento social, a partir de la pandemia, mucho se ha discutido en distintos grupos e instituciones profesionales sobre las bondades y las reticencias de la terapia online. Incluso era más aceptado en el caso de jóvenes y adultos, donde había más experiencia documentada por muchos psicoanalistas. En cambio, para la asistencia remota en los niños y adolescentes, se abrían más interrogantes. La intención de este trabajo es compartir algunas de las posibilidades que se presentan a diario en el trabajo online en estos pacientes.

            Algunas de las reflexiones que aquí se proponen parten, necesariamente, de la práctica cotidiana. En primer lugar, es necesario aclarar que, para llevar adelante las sesiones, se acordó con los padres algunos aspectos a tener en cuenta: en la medida de lo posible debían contar con un espacio con cierta privacidad, que permitiera cerrar la puerta. Conectarse con celular o computadora y auriculares. Disponer de hojas, lápices, fibras o crayones. En el caso de los niños, que puedan contar con algunos juguetes a disposición para las sesiones. También acordamos que todos los dibujos o escritos que hicieran durante las sesiones, las guardarían en una carpeta o cuaderno para llevarlas al consultorio cuando nos volvamos a encontrar. De esta manera, se establece un encuadre de trabajo en esta modalidad, manteniendo constantes algunas variables.

Se han seleccionado dos viñetas. Francisco (8 años) me cuenta sobre la tarea escolar que le mandan sus maestras, mientras encastra los distintos bloques. Lo que era inicialmente era una fila larga sobre la mesa, se va transformando de a poco en una pared que nos separa visualmente. De a poco, comienza a jugar asomándose y desapareciendo atrás de su muro. Hablamos de sus pérdidas, de las cosas que habían “desaparecido” en este tiempo: sus meriendas compartidas con sus amigos en la escuela, las carreritas en el tiempo del recreo, los abrazos de sus abuelos, los paseos en auto con la familia, y los juguetes del consultorio. También charlamos sobre alternativas para recuperar algunas de esas cosas y las estrategias de sus padres para que el distanciamiento no signifique quedarse lejos de los afectos. Como nosotros Eli –me dice- que seguimos jugando y charlando como todos los miércoles en tu consultorio. Hoy me voy feliz.

La primera ganancia es esta posibilidad de continuar el análisis, de seguir ofreciéndole a Francisco cierta regularidad, frente a tanta incertidumbre en el contexto social. El poder continuar, como todos los miércoles, y despedirnos hasta la próxima semana, también permite generar la idea de futuro, que habrá un después o un mañana por el cual continuar.

Lucía (15 años) retoma su terapia luego de los primeros quince días de cuarentena, a pesar de la reticencia de sus padres. Mis viejos no valoran que este espacio es importante para mí… ¡Gracias a vos me animé a muchas cosas los dos últimos años! Ella me marca que construimos juntas un espacio analítico en la virtualidad: asocia, se emociona, me relata sus sueños, me cuenta sus preocupaciones… tal como lo hacía en el consultorio. Logramos crear un espacio-tiempo donde se da la intimidad necesaria para realizar sus sesiones, mediadas por las pantallas de nuestros celulares.

            Estas viñetas resaltan, una vez más, la importancia de nuestras herramientas y del método. Es verdad que nuestra escucha analítica se tensa al máximo en este contexto. Pero el poder dar lugar a la palabra, el lenguaje (verbal y pre-verbal) y dar lugar al cuerpo, posibilitan la expresión y la elaboración de las vivencias actuales, y de las angustias re-editadas.

            La terapia online en las infancias y adolescencias necesita de una flexibilidad del terapeuta para adaptar y revisar nuestro método, sin perder nuestra identidad. Sólo así podremos ayudar a pensar, a poner palabras a lo que estamos viviendo, a ligar lo no representado y entramarlo en el psiquismo. A la vez que seguimos trabajando en aquellas líneas que se esbozaron en el consultorio. Líneas que hoy toman otras formas por las experiencias de cada paciente y cada familia en situación de distanciamiento.

            Un punto importante es el trabajo con los adultos responsables. Es necesario seguir teniendo entrevistas con ellos, tal como se hacía en consultorio. La red de trabajo construida y, sin dudas, la transferencia en juego, ha posibilitado que sus hijos e hijas puedan continuar trabajando analíticamente. Pero es necesario preguntarles qué esperan de las sesiones virtuales. Sólo así podremos conocer sus ideas sobre cómo se puede “aprovechar” la sesión, sobre cómo le impactan nuestras intervenciones, etc.

            Como analistas, se hace necesario revisar nuestro rol, nuestro encuadre interno, nuestro método. También se necesita de una escucha más abierta y desprejuiciada en torno a los nuevos modos de vincularnos con nuestros pacientes en este tiempo. Es importante poder crear nuevas categorías y redefinir otras para poder entender las nuevas modalidades, para no caer en el error de “leer las nuevas escenas con letra vieja” (Balaguer Prestes, 2016).

Para finalizar, retomo las palabras de Carlino (2010) y las adapto para repensar los encuentros analíticos con mis pacientes:

“El diálogo y el juego[1] psicoanalítico a distancia tiene en común con el del consultorio que ambos ocurren en una sesión y vuelcan su contenido al espacio Inter, en el que circula y se entrecruza el entramado de la comunicación verbal y no verbal[2] con fines elaborativos. Este espacio común opera como un receptáculo-continente que da cabida a la conjunción habida entre las conductas y las expresiones ideo-afectivas de cada uno de la dupla. Los interlocutores de este diálogo y juego[3]son dos que, además de hablar y jugar [4]entre ellos –en el espacio Inter-, lo hacen consigo mismo –en el espacio Intra-, estructurando de esta manera un diálogo y juego[5] múltiple que aporta a la posibilidad de procesar analíticamente lo allí hablado y jugado[6]” (p. 100).

Referencias

Balaguer Prestes, R. (2016). La práctica psicoanalítica en el universo digital. Psicoanálisis para un mundo líquido. Buenos Aires: Noveduc Editorial.

Carlino, R. (2010). Psicoanálisis a distancia. Buenos Aires: Lumen Editorial.


[1] Agregado mío.

[2] Agregado mío.

[3] Agregado mío.

[4] Agregado mío.

[5] Agregado mío.

[6] Agregado mío.

Written by 

Licenciada y Profesora en Psicología. Especialista en Psicología Clínica. Especialista en Constructivismo y Educación. Especialista en Docencia Universitaria. Magister en Salud Mental. Doctoranda en Psicología. Docente universitaria en grado y postgrado. Vicedirectora de EPSI – Estudios Psicoanalíticos Córdoba. Autora de numerosos artículos en revistas especializadas nacionales e internacionales. Asesora de trabajos finales de grado y postgrado. Miembro del Observatorio de Adolescencia (UNC). Desempeño profesional en la práctica clínica privada, en tareas de diagnóstico, asistencia y supervisión. Email para contactos: eli21jorge@gmail.com

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