El día después. Los vínculos en la pandemia.

Los astros son ronda de niños,
jugando la tierra a espiar… 
Los trigos son talles de niñas 
jugando a ondular…,
a ondular…    

Los ríos son rondas de niños 
jugando a encontrarse en el mar…
Las olas son rondas de niñas,
jugando la Tierra a abrazar… 

Gabriela Mistral

Corría marzo del 2020, armábamos proyectos, proyectos de familia, de amistades, de mudanzas, de festejos, de ciclos que terminaban para comenzar otros. De repente, un comunicado oficial determina la cuarentena obligatoria, social y preventiva ¿Qué era eso?

¿Teníamos que quedarnos en casa? ¿Casa? ¿Qué es una casa? ¿Qué significa una casa? ¿Cómo se construye?¿Tiene cimientos, ladrillos, rutinas, hábitos? ¿Será solo lo arquitectónico, una estructura que sostiene, que aloja, que da calor? ¿Será un armado, serán esas armaduras y ligaduras de las que tanto hablamos? Casa con olores, ruidos, música, aquellos recovecos que solo uno conoce, ahí donde no me encuentran, una caja de recuerdos en el armario. ¿Será todo eso una casa? La casa como lo interno, lo íntimo y a veces, también, lo siniestro.

Ahí teníamos que quedarnos, por tiempo indeterminado.

Salir a la vereda, ir a la plaza, jugar con los amigos, abrazarse, todo eso que nos construye y nos da identidad, ahora se volvía peligroso, debíamos cuidar-nos para también cuidar a los otros. Eso nos decían.  

Algunos vínculos estaban cercanos, en la misma cuadra, la misma ciudad pero para otros había que atravesar fronteras… pero nos volveríamos a ver, seguro.

En el medio nos preguntamos cómo sería el día después, nos imaginamos tomados de la mano y jugando a la ronda, también cantando, abrazándonos, escuchándonos…. y nos resonaba de fondo.

¿Y si el día después es este, es esto? Esto que vino a aparecer intempestivamente preguntándonos ¿Y ahora en qué principios y paradigmas vamos a hamacarnos? ¿Será que estas nuevas formas han venido a quedarse y a enlazarse como cotidiano? ¿Será que en el afuera hay que andar con cuidado? ¿Será que tendremos que volver a conectarnos con esa casa, con esos vínculos? ¿Podremos volver a lo de antes? ¿Será que tengamos que encontrar otras formas de ver-nos y escuchar-nos?

A veces seguimos soñando e imaginamos el día después. Aparecen unos colores brillantes, brillantísimos que iluminan desde muy lejos, claro, también aparecen los oscuros, esos que son medios verdosos, azulados y que se van amarronando. A veces inclusive aparecen mezclados, rotos, como una paleta con un orden diferente. Tal vez el interior hacía rato que estaba siendo fondo, y ahora vino a chorrearse sobre el mundo.

En el medio de todos esos colores aparecen los “turnos”. ¿Se acuerdan cuando eran niños y decían “es mi turno para ser la mancha”? Porque los turnos ordenan, dan lugar al otro, a uno mismo. Porque con turnos es más fácil. Porque me escucho, escucho y me escuchan. El turno puede ser un gesto, una mirada, una palabra, una sonrisa, una levantada de cejas de esas imponentes, esas que te dejan sin respiro o con un suspiro.

Al final y al cabo, el texto se llamaba Los vínculos en la pandemia. ¿Será que los vínculos son diferentes, pandemia mediante? ¿Habrán cambiado?

¿Serán los vínculos esa CASA en la que podamos quedarnos y cuidarnos?

Autoras:

  • Abrate, Sofía. Profesora y estudiante de Psicología.
  • Lic. Castelli, Nadia (MP 9939)
  • Lic. Santi, Micaela (MP 1833)
  • Lic. Sticca, Victoria (MP 9315)

1- Pintura de Nadia Castelli

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