Salud mental en un hospital general en tiempo de pandemia, relato de una experiencia

Autoras: Norma María del Rosario Vera[1] – Eugenia María Di Liscia[2] – María Lucía Beltrame[3] – María Fernanda Correa[4]– Sabrina Soledad García Abib[5] – María Paula Nesa[6]

Lugar de trabajo: Hospital General San Martín – ciudad de Paraná, Entre Ríos (Argentina)

En Wuhan, China, se identificó, a finales del 2019, una nueva enfermedad infecciosa llamada COVID-19. La misma, a los pocos mesese fue declarada como enfermedad pandémica, por la OMS, afectando a 183 países según la Academia de Ciencias de Cuba (2020). Como consecuencia, se han dictado políticas gubernamentales de salud pública enfocadas en el aislamiento para evitar la exposición de los individuos frente a este virus como así también se determinaron las profesiones y servicios esenciales que deberían seguir funcionando.

La irrupción del nuevo coronavirus SARS-CoV 2 y la declaración de pandemia significó un fuerte e inesperado impacto en las instituciones de salud, produciendo modificaciones en la atención, con nuevos desafíos para los trabajadores de la salud en general y de la salud mental en particular.

La magnitud del impacto producido por la pandemia nos ha mostrado que los abordajes desde el sector salud son múltiples y heterogéneos, las intervenciones no solo estuvieron destinadas al grupo de “infectados”, sino también a los familiares, a los profesionales intervinientes e inclusive, a la población general.

El presente escrito pretende relatar la manera en que se adaptaron, y en algunos casos se transformaron, las prácticas y abordajes en salud mental en el hospital general. Nos estamos refiriendo a aquellas prácticas en salud que el Servicio de Salud Mental del Hospital San Martín, de la ciudad de Paraná, Provincia de Entre Ríos, llevó a cabo desde el inicio de la pandemia.

Es importante aclarar que el hospital San Martin es el hospital de referencia de la provincia, y como estrategia epidemiológica, el Ministerio de Salud de Entre Ríos lo designó como “hospital coronavirus”. Vale decir que esa denominación que empezábamos a escuchar quienes formábamos parte de la comunidad hospitalaria produjo diferentes reacciones y bañó de una impronta cargada de un nuevo sentido a esa institución tan conocida por todos, que se volvía tan extraña y ajena. Debimos reestructurar los abordajes acordes a la demanda que emergía en ese momento, pero fundamentalmente se impuso la necesidad de cuestionar e interrogar las prácticas habituales, a partir de ubicarnos en el lugar del que “cuida al que cuida”, del que “asiste al paciente covid y su familia”, del que “sostiene y acompaña a los usuarios de salud mental en un contexto de encierro y aislamiento social”.

La emergencia de la infección por covid aparecía como un fenómeno instituyente, aquello que se presentaba con un carácter amenazante, peligroso poniendo en marcha un sinfín de mecanismos que oficiaban al modo de la resistencia, procurando resguardar los lugares ya establecidos y conocidos, este nuevo emergente se cristalizaba interpelando lo ya establecido.

Tal como afirma Kaminsky (1990) existen “espacios de condensación de lo subjetivo y lo social”, que son los grupos y las instituciones; en tal sentido, no es posible sostener la antinomia Individuo/Sociedad, el contexto se vuelve texto todo el tiempo produciendo subjetividades particulares. En el país, en época de pandemia, surgía el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio con los consecuentes cambios en la vida cotidiana de los sujetos; esto significaba que no había un lugar mejor donde estar sino en la vivienda propia postulando, de esta manera, al aislamiento como medida primordial para garantizar la preservación de la salud.

A nivel social, comenzaban a circular nuevas categorías como “población de riesgo”; “personal esencial”; en salud “personal de primera línea”; “los que están en la trinchera”; “los aplausos a quienes nos cuidan”, entre otras. Los medios masivos también fueron construyendo la cotidianeidad representada de manera globalizada: lo que estaba sucediendo en un país lejano, extraño para muchos, era lo mismo que nos sucedía a nosotros, borrando de ese modo las diferencias. Todo esto se materializó en el hospital, produciendo como afirmábamos, nuevas modalidades de prácticas, nuevos modos de producir subjetividades.

 El hospital comenzó a cambiar sus formas, su fisionomía era otra, ese ritmo acelerado tan característico comenzó a cesar para dar lugar a salas de esperas vacías, servicios de especialidades médicas y no médicas, disminuyendo su actividad con la consigna social de que en el “afuera” estaba la amenaza del virus, la enfermedad, y la muerte. “En la institución todo habla, en la medida en que lo sepamos escuchar” (Kaminsky, 1990), el covid como fenómeno disruptivo imprimía otra dinámica en la dimensión institucional de lo hablante. Esto se plasmaba en diferentes señalizaciones, como “circulación covid”  y “circulación no covid”; gráficos para mantener el distanciamiento social; reestructuración de las salas de espera; requisitos de triage tanto para el ingreso como para su permanencia en la institución; el uso de elementos de protección personal (barbijos, tapabocas, alcohol, desinfectante), entre otras.

Prácticas de salud mental en un hospital general en contexto de pandemia

Ahora bien, ¿qué hacen los profesionales de la salud mental en un hospital general en un contexto de pandemia? De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS): “La salud es un estado integral y completo de bienestar físico, mental y social y no solo la ausencia de enfermedad”; concepción respaldada en la consigna: “No hay salud sin salud mental” abriendo interrogantes sobre ¿Qué es la salud mental? ¿Qué lugar le cabe a la salud mental en este momento donde la vida de los sujetos se encuentra amenazada? ¿Quién se ocupa de la salud mental de los trabajadores de la salud? ¿Cuál es el alcance del equipo de salud mental frente a este contexto?  ¿Cuáles son las demandas en salud mental que emergen en este contexto? ¿Toda demanda de asistencia en el contexto de pandemia es por covid?

Interrogantes todos que funcionaron de disparadores para posicionarnos creativamente como equipo ante esta nueva realidad. En primer lugar, acordamos en que la salud mental es un campo de conocimiento y actuación en la salud complejo, plural e intersectorial, que presenta transversalidad de saberes (Amarante, 2009), dicha complejidad nos invita a pensar que las prácticas en salud mental no se limitan a la “asistencia” de los “enfermos mentales”, sino por el contrario estas prácticas se amplían a todas aquellas situaciones donde hay un sujeto sufriente. Tal como afirma Augsburger (2004), “Las transformaciones y situaciones de crisis que atraviesan tanto la vida societal como la cotidianidad en el ámbito familiar son espacios de producción de condiciones críticas que contribuyen a la generación de sufrimiento psíquico, (GALENDE, 1997, 2000; LUDERMIR, 2000; PALACIOS, 2002; MINAYO-GOMEZ, 2002) requiriendo categorías que describan éste adecuadamente, sin considerarlo necesariamente en términos de enfermedad”.

Con mucho de esto nos estábamos encontrando en esta nueva realidad del hospital general. La emergencia del covid-19 producía diferentes reacciones en la población en general, en los “sospechosos covid”, en los “confirmados” y en los propios trabajadores del hospital. Vimos la importancia de no patologizar estas reacciones/síntomas, debido a que frente a toda catástrofe -tal como se la entiende a esta pandemia- emergen “respuestas esperadas ante situaciones inesperadas”. De esta manera, se hizo hincapié en un sujeto damnificado y no “enfermo”.

Estos fueron los puntos de partida para pensar las prácticas de salud mental, en un hospital general en el contexto de la pandemia por covid-19. Nos referiremos aquí solo a los espacios que debimos construir o reformular a partir de la pandemia, y no a los demás abordajes que seguía sosteniendo el equipo, que -aunque atravesado por estas circunstancias- conservaban similares características (consultorio externo, interconsultas).

El acompañamiento a los trabajadores de primera línea

En el hospital surgía la conformación de una nueva sala que posteriormente fue denominada Sala de Aislamiento, advertimos la necesidad de trabajar con quienes iban a sostener dicho espacio. Para tal fin, y en articulación con el Departamento de Enfermería, desde donde surgió una demanda explícita, se ofrecieron una serie de encuentros sobre autocuidado y principios básicos de Primera Ayuda Psicológica[i], destinados a los enfermeros de la sala mencionada.

Vale decir, se comenzó a trabajar en la construcción de un espacio con dos líneas de abordaje: una, en relación con el autocuidado, promoviendo en cada trabajador de la salud la expresión de sus temores, ansiedades, expectativas, fantasías, con el fin de mitigar los efectos asociados a la Emergencia Humanitaria sobre el personal de salud. Entendiendo que una emergencia tal, en general, implica una perturbación individual y social que excede de manera significativa la capacidad de las personas para enfrentarse a la situación.

La otra línea de abordaje en estos espacios se relacionaba con realizar un aporte desde la perspectiva de la Primera Ayuda Psicológica, nociones que nos parecían importantes que sean consideradas por aquellos profesionales que trabajarían en la atención directa de las personas con diagnóstico de covid-19. En ese sentido, se transmitió la importancia que tendría para las personas internadas por covid-19 no sólo su trabajo profesional como enfermeros, sino el plus de ayudarlas a encontrar algunas respuestas que necesitaran en ese contexto de crisis, procurando (de esta manera) prevenir o mitigar la aparición de futuros daños, una vez que culmine el período crítico.

El abordaje de las personas internadas en la Sala de Aislamiento

Retomando las preguntas iniciales en relación a ¿Qué lugar le cabe a la salud mental en este momento donde la vida de los sujetos se encuentra amenazada?, ¿Qué abordajes eran posibles en el contexto de este hospital cambiante?, ¿El Servicio de Salud Mental recibiría “interconsultas” de esta Sala de Aislamiento? Sabemos que las interconsultas son prácticas cotidianas e instituidas en el sector salud. Ahora bien, todo estaba transformándose, inclusive aquellas prácticas obvias. Es ahí donde se propuso desde el Servicio de Salud Mental el abordaje de todas las personas que fueran internadas en dicha sala, aunque no medie un pedido de interconsulta. Interviniendo de manera temprana, integrada al equipo de salud de la sala.

Los abordajes fueron pensados, fundamentalmente, desde los principios básicos de la Primera Ayuda Psicológica, por lo que se buscaba brindar ayuda y apoyo práctico de manera no invasiva, evaluando las necesidades y preocupaciones de las personas internadas, procurando atender a sus necesidades básicas, ofreciéndoles una escucha activa, brindando información adecuada y de modo compresible.

Es importante señalar, que, en general, estas personas ingresaban por guardia, y luego de ser consideradas “sospechosas de covid-19″ y aplicárseles el hisopado correspondiente, eran internadas directamente en la sala de aislamiento. Por tal motivo, en general, no imaginaban que quedarían en tal situación de aislamiento, por lo que la sensación de angustia y ansiedad se acrecentaba en las primeras horas de internación hasta poder adaptarse. La escucha activa en esos momentos fue muy importante e inclusive en muchos casos significó para las personas retomar la comunicación con el “afuera”, a través de un dispositivo que contábamos para tal fin o mediando como nexos con los familiares que aguardaban alguna novedad.

Por otro lado, esta primera intervención llevada a cabo por profesionales de salud mental, en muchas ocasiones evitaba complejizar la situación de salud general, como crisis subjetivas esperables acordes a la situación actual. En ese sentido, observábamos cómo la internación en aislamiento oficiaba de apertura de canales de representación que aludía a la posibilidad de morir, suscitando diversos miedos universales como la asfixia asociada a las dificultades respiratorias y la necesidad de requerimiento de oxígeno.

Los primeros controles de personas recuperadas de Covid-19

A medida que iba transcurriendo el tiempo y con la recuperación de personas que habían padecido covid-19, en el Hospital se iniciaron los controles médicos correspondientes. Al mismo tiempo, como Servicio de Salud Mental, comenzábamos a recibir demandas de estas personas por diferentes motivos, de acuerdo a cómo habían transitado subjetivamente dicha enfermedad. En algunos casos, aparecían cuestiones referidas a la estigmatización sentida no sólo a nivel familiar, sino también a nivel de la comunidad: barrio, amistades. En otros casos, las consultas estaban asociadas a los síntomas esperables luego de superar la infección: insomnio, fatiga, desgano que ocasionaba dificultades para reintegrarse a las actividades habituales de su vida cotidiana.

Por otro lado, a partir de una demanda del Servicio de Neumonología del hospital, quienes se hallaban realizando los controles post-covid, se generó un espacio de salud mental para valorar por la especialidad a estas personas, luego de asistir ir al consultorio médico. De esta manera, estas personas concurrían voluntariamente a la entrevista psicológica, donde se les brindaba una escucha activa privilegiándose la contención y la expresión de ansiedades y angustias asociadas al padecimiento recientemente transitado.

La guardia como acceso al sistema de salud en época de pandemia

El Servicio de Salud Mental del Hospital San Martín, a partir del año 2015, cuenta con Guardias Pasivas Interdisciplinarias en Salud Mental (equipo conformado por un médico psiquiatra y un psicólogo) durante los fines de semana y feriados, con el objeto de cubrir una demanda que ya se visualizaba hace muchos años atrás en el Servicio de Emergencias, fundamentalmente asociada a los ingresos por intentos de suicidio.

Este dispositivo también se vio modificado con la emergencia sanitaria por la pandemia debido a que lejos de mermar la demanda por salud mental en la urgencia, se sostuvo y en algunos momentos aumentó en relación a años anteriores. Por lo que se hizo imperiosa la ampliación de dichas guardias a todos los días de la semana.

Esta adjudicación tuvo como primer objetivo garantizar la accesibilidad al sistema de salud de las personas con padecimiento mental. Pues, fuimos observando que las personas que ingresaban en la urgencia -a diferencia de otras épocas- eran usuarios en tratamiento en distintos efectores de salud de la región, descompensados por las dificultades de acceder y continuar con sus tratamientos habituales, producto del aislamiento y de las nuevas formas de atención remota que se empezaron a indicar al inicio y durante todo el período de asilamiento.

Del total de usuarios que fueron atendidos por guardia pasiva del Servicio de Salud Mental, durante el año 2020 (286), 123 se encontraban en tratamiento por salud mental cuando ingresaron por alguna crisis subjetiva al hospital general, sea en efectores de salud público como hospitales monovalentes, centros de salud, programas de salud mental (83) o privado (40). Entre los motivos de consultas de mayor frecuencia, se encontraban en primer lugar, el “intento de suicidio” y en segundo lugar, “conducta autolesiva sin intencionalidad de muerte”; luego de estos dos aparecieron motivos asociados al uso y abuso de sustancias, crisis de ansiedad, violencia, crisis psicóticas, entre otras.

Uno de los datos de la realidad que llamó la atención fue que durante el mes de mayor pico de casos por covid-19 en Entre Ríos (octubre 2020), disminuyó significativamente el ingreso de usuarios con crisis subjetiva por guardia, aumentando nuevamente -de manera exponencial- en los meses de diciembre 2020 y enero del año siguiente.

Como profesionales de la salud mental consideramos que la accesibilidad al sistema de salud también está asociada al profesional; un profesional “accesible” es alguien dispuesto a escuchar, a atender la problemática del sujeto tal como se presenta, en su complejidad; es quien se convierte -en la intervención misma- como referente en la vida de un sujeto sufriente, de una familia que se siente en crisis, desbordada. La accesibilidad así́ considerada, no solo es la que permite el ingreso de los sujetos al sistema de salud, sino que es una posición ético-política, en tanto que garantiza el derecho a la salud integral de la población (Pedernera, S. 2020).

Reflexiones finales

Para concluir, creemos que es de suma importancia poder otorgar un texto al contexto por lo que el presente escrito pretendió evidenciar la transformación de las prácticas a manera de dar respuesta a esta nueva realidad que emergió a partir del COVID 19. Su llegada remitió a significantes catastróficos donde todo aquello que se daba de alguna forma más o menos establecida fue irrumpido, devastándolo, debiendo aprender sobre la marcha, redefiniendo permanentemente a partir de un constante ensayo y error, las nuevas prácticas de un servicio de salud mental de un hospital general designado como hospital coronavirus.

Actualmente nos encontramos frente a la necesidad de encontrar elementos conceptuales y técnicos que nos permitan continuar abordando la problemática de la catástrofe, para abordar lo novedoso de esta situación caracterizada como pandemia y sus consecuencias en la desorganización-reorganización de la vida cotidiana. Observamos cómo esta nueva situación alteró (y altera) profundamente nuestra realidad, y nos forzó (y fuerza) a construir nociones nuevas para poder actuar e ir construyendo respuestas a ella.

Consideramos que el mantenimiento de rutinas que sean posibles en este contexto, vinculadas al saber hacer, el mantenimiento activo de nuestras capacidades reflexivas ancladas en lo conocido, las prácticas conocidas y bien probadas como la interdisciplina, la colaboración entre sectores, la construcción participativa de las acciones y soluciones, resultan tan importantes como el esperado desarrollo de ideas y técnicas nuevas para la nueva realidad.

En Salud Mental solemos hablar del grado de implicación que tenemos con las situaciones que tratamos. Ese grado de implicación, de afectación propia, en este momento puede estar en un máximo, ya que todas las personas somos afectadas psíquicamente por este escenario de aceleradas adaptaciones a un régimen de vida inédito, y a un temor todavía sin representación experiencial de lo que la pandemia podría significar para nosotros. Por lo dicho, consideramos de fundamental importancia la procuración de factores protectores como el afianzamiento o conformación de redes de apoyo que permitan sostener las tan necesarias buenas prácticas.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • AMARANTE, P (2009) Superar el manicomio. Salud mental y atención psicosocial. Ed. Topía
  • AUSBURGER, C. (2004) La inclusión del sufrimiento psíquico: un desafío para la epidemiología. Psicología y Sociedad; 16 (2): 71-80
  • KAMINSKY, G. (1990) Dispositivos institucionales. Lugar Editorial. Buenos Aires
  • OMS (2012) Primera ayuda psicológica: guía para trabajadores de campo. Organización Mundial de la Salud. Recuperado de  https://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/44837/9789243
  • PEDERNERA, S. (2020): “Pandemia y Rol del Equipo de Salud Mental en Atención Primaria de la Salud”. Diagnosis. Vol. 2 Núm 17. http://www.revistadiagnosis.org.ar/index.php/diagnosis/issue/view/28


[1] Lic. en Psicología Psicoóncologa  m-r-vera@hotmail.com

[2] Lic. en Psicología dilisciaeugenia@hotmail.com

[3] Lic. en Psicología Diplomatura en Discapacidad – Diplomatura en diversidad de género y sexualidadeslicbeltrameml@hotmail.com

[4] Lic. en Psicología correafernanda266@gmail.com

[5] Lic. en Psicología sabrinagarciaa@hotmail.com

[6] Lic. en Psicología -Magister en Salud Mental paulanesa@hotmail.com

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