Preocupadas por la ¿seguridad?

Estamos realmente preocupadas por la seguridad. Todos, o casi todas. No hay sobremesa en la que no aparezca el tema. Esta preocupación de la opinión pública sobre la seguridad es la que legitima los aumentos presupuestarios en seguridad a costas de la educación, la salud, el transporte. Sin embargo, una cuestión importante es qué se entiende por “seguridad”.

A esta altura, tenemos claro qué significa “más seguridad” para quienes nos gobiernan. Cuando nos dicen que vienen por más seguridad, sólo significa más policía, que más difícil va a ser llegar al centro para muchas personas, que va a haber más control de lo que hacemos, de los lugares por los que andamos, de lo que escribimos en nuestras redes sociales.

En Córdoba, Unión por Córdoba gobierna la Provincia desde el año 1999. En la Ciudad, el radicalismo -hoy Cambiemos- con Ramón Mestre a la cabeza va por su segunda mandato. Ninguno discute -ni parece tener intenciones de hacerlo- esta forma de seguridad. Su receta es seguir cerrando barrios y aumentar la policía. Desde hace años, la misma receta ¿Es que no se dan cuenta que no funciona? ¿No perciben que esta Córdoba está cada vez más difícil de vivir, más insegura, más dividida? ¿No se dan cuenta que sus “zonas rojas” nos joden la vida a miles de personas, discriminan, hacen más difícil pedir un remis, llamar una ambulancia?

Quienes gobiernan tienen claro que esto sí funciona: cada vez más nos peleamos entre amigos, familiares, vecinas; cada vez más el miedo es la guía. Las últimas elecciones son una muestra de que para quienes nos gobiernan esto sí funciona. Miles de personas votaron por el cambio a apellidos relacionados a la misma clase política que nos jode la vida desde hace décadas. Manipulan de tal modo la información, que les permite hablar de hacer una revolución de alegría cuando lo que hacen es profundizar un modelo económico-político instalado con un genocidio en la última dictadura cívico-militar. Porque sólo sobre cadáveres pudieron lograrlo.

Estamos todas realmente preocupados, aunque son preocupaciones diferentes.

Mientras algunos se preocupan por cómo alejar o esconder a los pobres, las negras, los villeros, los travas, las mujeres amamantando, las demostraciones de afecto, -y todas las identidades que el microfascismo desprecia-, otros por cómo pasar por el centro o Nueva Córdoba sin que los linchen, por cómo trabajar sin que las mutilen, torturen o maten.

Mientras algunos se preocupan por seguir invirtiendo dinero en más policías, otras porque la policía de la esquina sigue gestionando la venta de droga, los robos, la trata y siguen matando pibes.

Mientras algunas se preocupan por la corrupción de los únicos dos o tres ladrones que el poder de turno, los medios hegemónicos y el poder judicial se encargan de señalar, otros nos preguntamos por el entramado de políticos, empresarias y estados que sigue intacto.

Mientras algunos se preocupan por las adolescentes y su supuesta apatía, falta de compromiso, de proyectos, etc., otras por el mundo que nos están dejando generaciones de adultos que destruyeron las precarias instituciones democráticas que existían, que incrementaron la desigualdad, que se volvieron cómplices de sucesivos gobiernos que se dedicaron a robar, a perseguir y criminalizar.

Mientras algunos dicen estar preocupados por la inclusión social de los más pobres; otras por la inclusión social de generaciones de personas que no tuvieron derecho a vivir la calle. Estamos realmente preocupados por su ingenuidad, su clasismo, su vulnerabilidad política.

Mientras algunas se ocupan por cómo tener una mayoría que logre imponer sus intereses privados en el gobierno, se acuerdan del pueblo en las elecciones y sostienen el simulacro de sus instituciones democráticas, otros nos ocupamos en hacer consensos, en dialogar, en armar redes lo más democráticas posibles.

La política que implementan quienes nos gobiernan produce odio, malestar, dolor social y físico, otras luchamos día a día por un mundo más justo, verdadero y bello.

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