Una psicología para La Grieta

¿Existe “La Grieta”?

Existen diferentes ideologías, posiciones éticas, seguro. Existen desigualdades económicas brutales, no hay dudas. Existen luchas por los recursos, también. Existe la explotación de algunos grupos sobre otros, existen abusos de todo tipo. Pero “La Grieta” no se enuncia allí. No se escucha a un empleado rural decir “existe una grieta entre el presidente y yo”. La grieta no está entre quienes trabajan y quienes lucran con especular con la estabilidad financiera de un país o una región; ni entre los dueños de un taller textil y sus trabajadores precarizados. No, la grieta habitualmente está dentro de grupos próximos, compañeros/as de trabajo, familiares, amigas/os.

Entonces, ¿de qué sirve pensar en términos de La Grieta? Lo primero que habría que decir es que sirve a nivel macro social. Las distancias que produce La Grieta le resultan bastante útiles a un sistema político que tiene como condición de posibilidad nuestra baja capacidad organizativa y de reclamo. Este tipo de pensamiento abreva en un “ellos contra nosotros”. Ellos que antes eran un enemigo exterior, pero que desde hace un tiempo puede estar durmiendo bajo nuestro mismo techo. Pensar en clave dicotómica le hace juego a la fragmentación social y a las dificultades que tenemos para organizarnos colectivamente.

Del otro lado, ya un poco más al ras del suelo, de nuevo: ¿De qué nos sirve pensar desde La Grieta? Para quien lo ejerce, es un pensamiento que rápidamente tranquiliza. Remite a algo muy elemental: la ilusión de ordenar el enorme mundo de las diferencias en sólo dos, la mía -buena y noble- y la de quien no piensa como yo -mala y amenazante. Nos ahorra el enorme trabajo psíquico que puede significar tener que posicionarse, ubicarse frente a lo que nos disgusta del otro u otra, de su opinión. No hace falta pensar por qué dirá lo que dirá, desde dónde lo dirá, qué me hace pensar a mí, qué me hace sentir, si vale la pena buscar puentes para conversar desde estas diferencias iniciales… Nos habita La Grieta, y punto. Pensar en en estos términos nos sirve porque es un pensamiento que esconde, que niega, que obtura.

Sin embargo, tiene algunos problemas. Es sumamente difícil clasificar el mundo social sólo en dos posiciones. Nos rodea y habita una multiplicidad de puntos de vista, de modos de estar en el espacio, de actuar. Reducirlo a sólo dos requiere un esfuerzo de simplificación enorme. Del mismo modo, requiere un esfuerzo enorme partir de un supuesto que nos obliga a negar las contradicciones que habitan en cada uno/a de nosotros/as. Ubicar todo lo diferente afuera, surcar una grieta bien honda y dejarlo de aquel lado, no sólo dificulta el diálogo con personas muy próximas, sino también con uno/ mismo/a. Por último, habría que señalar que pensar en términos de La Grieta, además, es un pensamiento estático, fijo, cristalizado. Niega todo lo que tiene que ver con procesos: reflexionar, examinar perspectivas, buscar, informarse. Frente a La Grieta, moverse es un riesgo.

La Grieta no existe, lo que existen son múltiples diferencias que se instalan en los vínculos con quienes nos rodean y con nosotros/as mismos/as. Diferencias, a veces más conciliables y otras menos, a veces más lejanas y otras muy próximas. Diferencias frente a las cuales podemos construir un enorme muro –La Grieta- o abogar por el trabajo psíquico que se requiere para hacerles un lugar, y ver cómo seguimos.

Las grietas, en última instancia, son a construir.

 

 

 

 

 

 

Fuente imágenes:

Portada: http://motoreconomico.com.ar/opinion/la-banalizacin-de-la-grieta

  1. https://www.clarin.com/politica/encuesta-midio-grieta-responsables-profundizado_0_H1OoMSMRl.html
  2. https://yofueguito.tumblr.com/

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