La invasión neoliberal de nuestras subjetividades

Cuando hablamos de neoliberalismo no nos estamos refiriendo a un tópico propio de especialistas de economía o política. El neoliberalismo se puede pensar también como un modo de gobierno de las conductas, una regulación de las mismas que ha calado en nuestras percepciones, en nuestras sensaciones y en nuestras capacidades vinculares.

La gubernamentalidad neoliberal (Foucault, 2007), gracias a su capacidad de modulación y desplazamiento, logró desplegar nuevas formas de producir y administrar la vida sobre los más diversos territorios (Ciuffolini, 2017). Como señalan Laval y Dardot (2013), el neoliberalismo moldea nuestra experiencia del presente. Por lo tanto, preguntarse por la subjetivación hoy necesariamente lleva a preguntarse por las regulaciones que él impone en la población.

El gobierno neoliberal es un gobierno globalizado, articulado a nivel internacional, aunque con contextualizaciones y particularidades locales. En este sentido, es sumamente importante tener presente que en Argentina las reconfiguraciones neoliberales se dieron sobre las transformaciones políticas y económicas que se iniciaron en los años ‘70.

El contexto de emergencia de este nuevo régimen de gobierno fue explícitamente violento: logró ingresar al Estado mediante un gobierno de facto (1976-1983) y provocó un claro crecimiento de la pobreza y la desigualdad, que se profundizaron en los años venideros (Basualdo, 1999; Cristobo, 2009). El incremento de la desigualdad se concretó sobre una ofensiva contra las organizaciones de trabajadores, la tortura y desaparición de personas y, ya en democracia, un conjunto de reformas laborales regresivas (Cristobo, 2009). Esto es importante destacarlo ya que en nuestro país la articulación neoliberal sólo fue posible sobre el terror y la violencia. Es sobre la violencia de este dispositivo que se fundó el nuevo régimen de saber-poder  neoliberal,  el cual provocó un claro deterioro de las condiciones de vida y un profundo disciplinamiento social (Torrado, 2010).

Siguiendo a diversos autores que han trabajado sobre esta temática (Álvarez Leguizamón, 2005; Murillo, 2011, Ciuffolini, 2017), podemos decir que el neoliberalismo, desde esta violencia fundante, agenció una mutación en cómo comprendemos la vida, a través de múltiples desplazamientos en aspectos esenciales del funcionamiento social. A modo de síntesis, podemos señalar:

  • La consolidación de un sujeto entendido como sujeto consumidor: sus derechos, sus deseos, sus potencias son re-codificadas desde este ideal de sujeto consumidor como fin último de la existencia.
  • El individualismo y la competencia como forma prevaleciente del lazo social: atrás queda la valoración de formas de intercambio solidarias y/o cooperativas, para dar lugar a la comprensión de que el mejor modo en que podemos convivir es que cada “uno tire para su lado”.
  • El pragmatismo como ideología predominante. El pragmatismo representa una destitución del sujeto reflexivo, del sujeto capaz de ideales diferentes a los que el mercado le pueda ofrecer. El pragmatismo como el aplanamiento del sujeto.
  • La concepción del Estado como socio subsumido a un rol de facilitador del mercado -verdadero coordinador de las acciones políticas-, lo cual redunda en su achicamiento y en el vaciamianto de decisiones colectivas que desde ese lugar se pueda tomar.
  • Un esencialismo ontológico de la pobreza y la desigualdad, una naturalización de la misma pobres hubo siempre-, lo que representa un enunciado desesperanzador, que invisibiliza las posibilidades de cambio social
  • El emprendedurismo como nuevo valor: a tono con el individualismo, la mejor forma de que se desarrolle la sociedad es desde el desarrollo personal e individual. Poco importan las condiciones de partida, las historias que nos puedan sujetar o haber desequilibrado el escenario: sólo interesa la resiliencia y capacidad de superación personal.

Considero que tener en cuenta estas claves de lectura nos puede significar una paso importante para comprender un poco mejor lo que nos pasa. Aún tenemos como tarea incorporar y tensionar los avances que desde otras disciplinas ya han realizado al respecto con lo que tenemos para decir desde nuestros saberes. Continuar produciendo articulaciones y  diálogos sobre las implicancias de esta regulación de las conductas que el neoliberalismo nos impone. Esto nos puede ayudar a hacer mapas sobre las tramas en las que se insertan nuestras subjetividades. Mapas que nos echen un poco de luz sobre los diseños de estrategias posibles para acompañar a los sujetos con quienes trabajamos.

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