Muchos son los debates que circulan alrededor de los usos de las redes sociales e Internet en la sociedad actual. Para no caer en un debate  del tipo “apocalípticos vs. integrados”, pero intentando poner alguna pregunta que nos haga pensar, les recomiendo un artículo escrito por Edgardo Litvinoff para LaVoz llamado “Pedazo de Hijo de Facebook”. El periodista plantea en él,  diferentes casos de infancias (entre ellos el juicio de la australiana Michael Rami a sus padres) cuyos derechos a la privacidad fueron vulnerados por posteos de sus padres en redes sociales.

Pienso también en la última publicidad para el Día de la Madre de  una marca de telefonía móvil en la que se agradece a la mamá por ser la primera persona en viralizar las fotos de su hija. ¿Será que en este nuevo mundo virtual, viralizar es una manera de subjetivar?  ¿Desconocida función de crianza actual ejercida a través de la biografía de Facebook?



Pienso que raro se está poniendo todo.  Se combinan dos asuntos. La vieja historia de creer que los niños no pueden decir sobre sus preferencias  o tomar decisiones sobre sus propias vidas y el derecho a la privacidad tan poco practicado en el “Show del Yo” actual de la que Internet se hace escenario ideal. ( ver “El show del Yo. La intimidad como espectáculo”. Paula Sibilia).

Si ese hijo no fuera “propio” nadie dudaría en la necesidad de pedir un consentimiento para subir sus fotos a Internet. Defino consentimiento, como la acción y el efecto de consentir. Como un contrato que refleja la conformidad que expresan las partes, que nadie dijo que tuvieran que ser adultas para poder hacerlo.  ¿Será que por esas faltas de pedido de consentimiento de los padres para con sus hijos (para postear sus fotos, para comentar sobre sus vidas, para husmear sobre sus eventos), los adolescentes usuarios de Facebook terminaron emigrando a Instagram, para luego afianzarse en Snapchat? Particular red social ésta última que se caracteriza por la instantaneidad y lo efímero  de su contenido; permitiendo a sus usuarios (en su mayoría adolescentes) publicar fotos y videos que se destruyen en 24 horas, a menos que su “propietario” autorice lo contrario: inmortalizarlo en la sección “Recuerdos”.  Adolescentes=1; Padres =0.

Entonces me pregunto por las formas en las que estamos contra-actuando en Internet. ¿Cuáles son las lógicas de intercambio que se están generando? ¿Dónde empieza y termina el con-sentimiento de uno y otro en un escenario tan escaso de regulaciones – al menos de las acostumbradas en acuerdos presenciales-? Uno de los desafíos que nos proponen las redes sociales  e Internet tiene que ver con su  capacidad de viralizar contenidos, es decir, reproducir  contenidos de información de manera exponencial.  Fenómeno que dispersa poderes, movimientos sociales y discursos.

La viralización (a la que se puede llegar de distintas maneras y sino googlee –neologismo merecedor de un apartado en cualquier diccionario- todos los consejos que existen en sitios web) es  una de las armas más poderosas de Internet! Ave Internet! Nuestro 5° poder.

Este  fenómeno novedoso -como otros- requieren de ser problematizados para  poder dimensionar sus repercusiones en lo político, económico y cultural de este cibermundo así como los modos en que  están cambiando las reglas de juego en las relaciones humanas.

A menos que querramos inventarnos cada vez una nueva tecnología (tipo Snapchat) que nos rescate de los usos que hacemos de la anterior, considero necesario reflexionar sobre estas nuevas tendencias para poder crear construcciones éticas que nos orienten en este nuevo convivir. 


Jean Jullien

Ilustración: Jean Jullien.


El Derecho al Olvido                           

Cambios políticos, sociales y económicos nos permiten suponer que debamos pensar en reconocer nuevos derechos y obligaciones.

El derecho a la privacidad es tan antiguo como la persona misma. A qué llamamos privacidad  ¿intimidad?, seguro ha sido una construcción social que ha ido variando en cada contexto histórico y social. Sin embargo, en este contexto del ciberespacio, en el que se nos proponen realidades reales y realidades virtuales, aparece  un derecho poco pensado.

El derecho al olvido es un derecho relacionado con el Habeas Data y la protección de datos personales. La idea central de los movimientos mundiales que luchan por promulgar leyes que regulen este derecho, es que el titular de un dato personal pueda pedir a motores de búsqueda (como google, safari, etc.)  que se deje de asociar su nombre a alguna información personal que  atente contra su privacidad o libre ejercicio de sus derechos fundamentales. 

¿Qué ocurre cuando un video, una foto subida sin consentimiento continúa reproduciéndose ad-eternum? Varias personalidades famosas –y otras que se hicieron famosas después del posteo- han tenido que enfrentarse a la divulgación y posterior viralización de videos y fotografías de su vida personal sin su consentimiento. Y luego, afrontar el trabajo que implica solicitar a buscadores o portales de internet que eliminen dicho contenido (tramiteríos por demás engorrosos).

Sin ir más lejos, personas que han sido condenadas y han cumplido su pena deben encontrarse con sus antecedentes colgados en internet hasta el fin de los tiempos, con las consecuencias que tiene para su reinserción social, laboral, etc. (Este año una vecina  posteaba en su Facebook un pedido de  solidaridad por “un señor abuelo” abandonado en el hospital de Tigre y cuando fue reconocido como el odontólogo Barreda, se generó un sinnúmero de comentarios y varias noticias que reavivaron el caso, por desgracia del Sr.).

Para estos casos se plantea la posibilidad de echar mano al derecho al olvido. En distintos lugares del mundo existen organizaciones y movimientos que empujan para que este derecho de los usuarios virtuales pueda ser ley. En Argentina ha habido ya sentencias en relación a casos del tipo que instaban a Google, Yahoo y Bing a eliminar enlaces que atentaran sobre el honor de algunos ciudadanos bonaerenses.

¿Y sin embargo qué significa poder olvidar partes de la Historia? ¿Quién tiene el poder de decidirlo?  ¿ Y qué consecuencias tiene, por el contrario, que no podamos olvidar?

Será que Internet, cual Funes el memorioso –con el superpoder de ser una máquina eterna con alto poder almacenamiento- nos obliga a dejar disponible todo suceso para ser evocado.  O será que los sujetos humanos hemos mutado y desarrollado una “memoria externa” que ya no pregunta qué quiere ser recordado.

El gran desafío de pensar el Derecho al Olvido es que pueda afectar otros derechos como la libertad de prensa, el derecho a la memoria y el derecho a la información. En estos contextos políticos y sociales donde la lucha ha sido justamente la de poder hacer memoria, sé que suena contradictorio plantear “un derecho al olvido”. Sin embargo, hablo de Internet, de sus usos, de sus modos de subjetivar y de cómo podemos hacer para con-vivir con herramientas para las que todavía estamos dimensionando sus efectos.


Biblio:

  1. http://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/pedazo-de-hijo-de-facebook
  2. http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-09-14&PaginaId=24&bodyid=0
  3. http://www.derechoolvido.es/

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http://www.derechoolvido.es/argentina-pais-pionero-en-el-derecho-al-olvido/

http://www.lanacion.com.ar/1736360-el-derecho-al-olvido-en-internet-se-debera-aplicar-tambien-en-la-capital-federal

http://www.rlpdp.com/2016/01/argentina-proyectos-de-leyes-de-derecho-al-olvido-2014-2015/

 

Author: Sofía Gonzalez

Soy psicóloga y comunidadora social. Trabajo como residente en la RISAM Infanto Juvenil. Cordobesa hasta los dientes. Correo: sofiagonzalez@cordobapsi.com Fb: @PolaGonzalez

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