Ya lo decía la Señorita Pepita. Algunas reflexiones sobre la práctica de escribir.

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Ya lo decía la Señorita Pepita. Algunas reflexiones sobre la práctica de escribir.

La práctica profesional cada día está más atravesada por la necesidad de producir de textos -por suerte-. En términos generales, son producciones de diversos calibres que van desde la redacción de un registro para una supervisión hasta trabajos de carácter netamente científicos que deben ser aprobados por instituciones reguladoras. Desde luego, la tesis de grado es el primer gran desafío en este sentido. El paso de los años, luego, viene acompañado de otras presentaciones como a congresos, trabajos para postgrados, artículos para revistas, informes, otras tesis, en fin, hasta donde llegue la escritura para cada quien..

Sin dudas, hacer el esfuerzo de publicar lo que alguien está trabajando es más que noble, y en su conjunto, el intercambio de conocimientos producidos localmente son una condición de calidad de nuestra labor. Son instancias que permiten ponernos a reflexionar, hacer una pausa y dar cuenta de los que estamos trabajando, comunicarlo a otros -es decir, salir del aislamiento al que muchas veces nos vemos compelidos-, poner en cuestión nuestras prácticas. En el mejor de los casos, aparecerá una palabra que desde la crítica constructiva ayudará a abrir campos de pensamiento. Aunque, cabe señalar, en los últimos tiempos se ha vuelto un espacio en extinción en los grandes congresos y toda la mar en coche.

Ahora bien, la redacción, como toda práctica, implica un conjunto de reglas que son muy particulares. Es ante esta necesidad que una imagen aterratora se nos suele aparecer, intempestivamente. Es difícil definir si se trata de una alucinación o sólo nuestro recuerdo. Como sea, ella se presenta al lado de nuestra computadora: ¡es la maestra de lenguas del colegio! Nos mira aireosa, suficiente; su cara lo dice todo: “te lo dije”, y lleva bajo el brazo como un trofeo su manual de lenguas. Y es inevitable reprocharse no haberle prestado más atención en esos años tan inocentes: ¿Cómo demonios era que se construía un párrafo?

Pero no sólo se padecen las desatenciones del pasado, sino que la carrera misma suele llevarnos a escribir de un modo sumamente retorcido. En el mundo de la psicología son ejemplares algunos escritos del campo psicoanalítico. En una inversión de valores digna de un análisis más profundo, el escribir de un modo poco claro pasa a ser una condición sine qua non para que un texto tenga estatuto. De este modo cae en el vacío la actitud más bien ética de exponer claramente nuestros desarrollos y procesos de pensamiento para poder debatirlos sin enunciados crípticos. Una de las hipótesis que explica este proceder es que escribir “en difícil” constituye un modo de distinción simbólica de los académicos: cuidado con eso.

En este escenario, escribir es un desafío enorme. Vale la pena destinarle tiempo y esfuerzo a capacitarnos, ya que existen abundantes recursos para perfeccionarnos en esta tarea.  Los problemas para empezar a escribir, por ejemplo, son más comunes de lo que a veces uno se imagina. Tal es así que ya se ha consensuado su un nombre: “el síndrome de la hoja en blanco”. Simpático, ¿no? La invitación es, en definitiva, a tomarnos en serio este aspecto de nuestra práctica y dedicarle el tiempo necesario para adquirir recursos que nos permitan, en definitiva, realizar la trasmisión del modo más deseado.

 

Author: Francisco Ghisiglieri

Por título, psicólogo. Por trabajo, becario doctoral CONICET/UCC, colaboro en el Proyecto Guadix y estoy en la cátedra de Grupos de la UCC. Nací en Colonia Caroya, aunque tengo una relación extra-matrimonial con Córdoba. Un proyecto: jubilarme lo antes posible y dedicarme a cosas que realmente importan como el ajedrez, la literatura y la jardinería. Correo: franciscoghisiglieri@cordobapsi.com FB: Francisco Ghisiglieri

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